Cada uno recurría a datos, a retazos autobiográficos que se incorporaban, tal cual, a la narrativa dramática...
A finales de los años setenta compartí
con María Eugenia Pulido, Vera Larrosa y Ernesto Bañuelos la experiencia del
montaje de la pieza De ahora en adelante… sólo conciencia de besar dirigida por
Carlos Téllez, con escenografía de Germán Castillo, que se presentó en Casa del
Lago de la UNAM.
La puesta en escena estaba basada no en
un texto dramático sino en una serie de poemas de Larrosa y Bañuelos. Romel
Rosas acompañó el montaje como asistente de dirección, y tuvo a su cargo el
diseño gráfico de los programas de mano y los carteles.
Más que la construcción de personajes,
el reto para nosotros -actrices y actor- era reconocer los “registros tonales”
de los textos poéticos, y crear atmósferas y situaciones que provocaran tensión
dramática. Era claro que no pretendíamos hacer un recital poético en el que se
privilegiara la voz, de tal suerte que la primera parte del proceso se centró
en el entrenamiento y exploración del cuerpo. Teníamos la certeza de que era en
el territorio corporal de cada uno de nosotros donde encontraríamos los
detonantes expresivos singulares que permitirían crear el lenguaje escénico del
conjunto. No se trataba de algo dancístico o coreográfico sino de hallar el eje
del movimiento interno y los subjetivos ritmos anímicos de la acción. No
creábamos personajes, estábamos ahí, en el escenario ante una serie de
situaciones afectivas y amorosas que nos eran propias.
Cada uno recurría a datos, a retazos
autobiográficos que se incorporaban, tal cual, a la narrativa dramática: una
escena de una película familiar de Ernesto en su niñez en Torreón, Coahuila,
escondiéndose entre las faldas de la Tía Nena que él mismo proyectaba con un
viejo aparato sobre los muros de la sala de Casa del Lago mientras decía: “me
empecé a dar cuenta de que era diferente cuando en las caricaturas ningún niño
se enamoraba de su amigo…”, y se establecían puentes que conectaban las
experiencias íntimas particulares con la realidad social que como generación
post ‘68 vivíamos.

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