La música era un
elemento que formaba parte fundamental del proceso exploratorio para las
puestas en escena de Carlos Téllez con quien también realizamos, en 1978,
Ernesto Bañuelos, Jorge Ortiz, Tito Vasconcelos, Matilde Kalfon y yo,
"Eva, Evita o simplemente Ella", del dramaturgo y dibujante franco
argentino Copi con traducción de Luis Zapata y Olivier Debroise.
La obra, sobre los
últimos momentos en la vida de Eva Duarte de Perón, rompía irreverentemente con
la mítica imagen de la mujer a quien llamaran “la esperanza de los
descamisados”. Fue representada en el teatro del Centro Universitario de Teatro
- en la calle de San Lucas, en Coyoacán- y en una breve gira auspiciada por el
gobierno del estado de Baja California Sur. Luis Rivero compuso la música de
las canciones que a mí me tocaba interpretar y también la de la parte
coreográfica, esta última de Jorge Domínguez.
El montaje acentuaba,
formalmente, el carácter de cómic con elementos de la escena pintados
directamente sobre los muros, la escalera y el piso; y con el uso de pelucas
realizadas en papel maché que parecían inspirarse en el Pop Art de Lichtenstein
y Andy Warhol, espíritu que también se filtraba estilísticamente en la
actuación.


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